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martes, 12 de junio de 2012

La inocencia infantil se toma la palabra en "Los bautizos de Mariana"


Portada de
"Los bautizos de Mariana"

Título: Los bautizos de Mariana.
Autor: C.J. Torres
Edición pasta rústica
Precio: $30.000 (pesos colombianos) - U$15
ISBN: 978-958-57403-0-3

Abril de 2012
Los bautizos de Mariana es la primera obra infantil del escritor cartagenero Cristian Jose Torres Cassiani. En ella se presenta la historia de Marianita, una pequeña de cinco años que vive una gran aventura para llevar a cabo su bautizo. Como todos los niños, Mariana tiene la capacidad de percibir lo que sucede a su alrededor desde un punto de vista incorrupto. Su mente aún no ha sido invadida por las ideas de otros, por los argumentos sesgados, los prejuicios y la demagogia. Mariana conserva su inocencia y eso la convierte en la mejor observadora de lo cotidiano. ¿Cuántas veces nos olvidamos de que lo que realmente importa es el significado de las cosas y no la forma que les damos? ¿Por qué los adultos insistimos en adornar las celebraciones como si de una competencia se tratara, buscando siempre el nuevo salto mortal que dejará a todos los invitados con la boca abierta? La pureza de Mariana nos enseña que bajo todas esas capas de superficialidad se encuentra siempre una idea, un concepto lo suficientemente simple y poderoso como para no necesitar ningún tipo de añadido.
Larry recupera su ojo

Esta novedosa historia dirigida a chicos de 8 a 17 años, ha sido editada en 112 páginas, divididas en 7 capítulos, acompañados de 7 ilustraciones exclusivamente creadas para esta obra que hacen de Los bautizos de Mariana una historia tierna, novedosa y envolvente.

Los bautizos de Mariana fue presentada de manera exitosa durante la 25° Feria del Libro de Bogotá 2012  . Actualmente esta disponible en las Librerías Lerner de Bogotá  Calle 92 # 15 - 23 y Av Jimenez # 4 - 35, También en la librería Luvina Cra. 5a No. 26 C - 06, en Cartagena en Ábaco Libros Calle de La Iglesia con Calle de La Mantilla esquina Nº 3-86. Y para el resto del país, contactando directamente con nuestra editorial en nuestro e-mail.


Cuentos Pulgares: Una novedad literaria de E-ditorial 531 para compartir en familia


Portada de Cuentos Pulgares

Título: CUENTOS PULGARES con índice, del corazón y sin anular meñiques
Autor: Clara Inés Giraldo Mejía
Edición tapa dura
10 títeres de deditos
Caja-teatrino
Precio: 60.000 (Pesos colombianos) - U$ 35
Abril de 2012
ISBN: 978-958-57403-2-7


Después de un largo silencio E-ditorial 531 vuelve a consentir a su público con una nueva publicación de literatura infantil pensada para hacer de la lectura una actividad familiar. Esta novedad es CUENTOS PULGARES: con índice, del corazón y sin anular meñiques, la última obra de Clara Inés Giraldo Mejía. 

Este novedoso kit de lectura presenta a los lectores 10 adaptaciones de cuentos clásicos de la literatura universal como Caperucita Roja, el Gato con Botas, Barbazul entre otros, convertidos a guión de teatro, donde niños y no tan niños se divertirán con estas nuevas historias llenas de ingenio, aventura y emociones.

Estos son los personajes que acompañan Cuentos Pulgares
Este divertido libro además de sus peculiares historias adaptadas a guión de teatro, cuenta además con 10 títeres de deditos que representan los personajes principales de cada uno de los cuentos, por eso encontramos a una querida abuelita, un intrépido lobo, un apuesto príncipe, una malvada bruja y otros personajes muy especiales que acompañarán al lector en su viaje por cada uno de los textos. Por último, la caja donde se encuentran el libro y los títeres es un teatrino donde finalmente se puede disfrutar de un espacio de creación para representar las historias o donde se puede dejar volar la imaginación sin límite.

Nuestros lectores en la
25° Feria del Libro de Bogotá
CUENTOS PULGARES: con índice, del corazón y sin anular meñiques, fue presentado de manera exitosa durante la 25° Feria del Libro de Bogotá 2012 y  actualmente esta disponible en Bogotá en las Librerías Lerner , Calle 92 # 15 - 23 y Av Jimenez # 4 - 35; también en la librería Luvina Cra. 5a No. 26 C - 06, y en la Madriguera del Conejo en la Carrera 11 # 85 - 52. En Cartagena en Ábaco Libros y Café Calle de La Iglesia con Calle de La Mantilla esquina Nº 3-86. Y para el resto del país, contactando directamente con nuestra editorial en nuestro e-mail.

miércoles, 26 de octubre de 2011

La vaca Puppy. Una revelación literaria

E-ditorial 531 se enorgullece en presentar a su público una nueva revelación de la literatura infantil. Manuela Fernández Agredo, desde pequeña ha sido una niña espontánea, alegre, y pacífica. Le gusta bailar todo tipo de música, cantar, estudiar, escribir cuentos y poemas infantiles, actuar, disfrutar de la vida y sobre todo, busca explorar el mundo en su cultura y sociedad.

A sus trece años, Manuela Fernández Agredo, ya es poetisa y escritora. Estudiante de tercer grado de bachillerato. Desde los siete años narra e ilustra cuentos infantiles destacando los diferentes valores del ser humano. Sus escritos cuentan historias de ciencia ficción, terror, y fantasías con que todo niño sueña. Ha recibido varios reconocimientos a nivel Regional, Nacional e Internacional. Ha sido condecorada por la organización Green Planet en el marco del “Foro Ecológico Infantil” en Moscú, Rusia por la ponencia “Estimulación a los niños a cuidar el medio ambiente”. Asistió al Festival Mundial de Ecopoesía en Tumbes, Perú, e hizo parte del proyecto Natalicio de Pablo Neruda 2011 en Isla Negra participando con la obra “Un poema a Pablo Neruda”.

En esta ocasión trae ante ustedes su nuevo cuento "La Vaca Puppy: La cena de despedida" . La vaca Puppy vive en una hermosa hacienda en las afueras de Pereira, allí comparte con Doky, el cerdito deportista, Bory la oveja vanidosa, Birul la cabra amigable y Lulis la gallina coqueta. A cargo de ellos esta Presdel quien siempre los ha cuidado con amor de padre. Sin embargo, cuando se acerca la Navidad, Puppy y sus amigos descubren los terribles planes que tiene Presdel para la Nochebuena, por lo que inician un plan extraordinario que los lleva a vivir una aventura inolvidable buscando que Presdel cambie de opinión.

Esperamos que disfruten de esta nueva obra que muy pronto estará al alcance de tos ustedes.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Veranos en Invierno

E-ditorial 531 se complace en traer ante ustedes una nueva publicacion para aquellos amantes de la poesia. Esta vez vez, la inspiracion viene de la mano del escritor colombiano Rafael Ovalle Tovar, quien nos presenta su obra "Veranos en Invierno". Para su deleite, los dejamos aqui con una muestra.


Entre la luna y el sol

Entre la luna y el sol
el comienzo sin fin, la desnudez, la lluvia.

El camino lleva a otro camino, al sol.
Es sol otro camino. Valle, montaña y luna.
El camino es sol, es luna.

Hombre – ciego hombre,
la luz te brinda el mundo, te puebla de caminos
y tú, muriendo de muerte. Soledad cerrada noche.

El camino no está hecho
para llegar, para partir, ni estacionar, prejuicios;
para eso luchas, para eso sudas
de sol a sol, de luna a luna.

La vida es otra forma de vida,
fundación del ser, acto creador, comienzo sin fin.

Viaje a la luz

Nos prometimos el adiós.
Hablamos del largo viaje
en la sensual luna de tus lágrimas.


Cruzamos el río teologal de la esperanza.
Obligados a dar razón de nuestras sombras
hicimos del sistema solar el destino del hombre,
el más allá de los sueños.


Nos cuidamos de no perder la cordura.
No ahogar la conciencia en el mar del ocaso,
la temible inocencia de los hombres absurdos.


Vuelvo a nacer en ese adiós que promete el viajero,
en la sensual luna de tus lágrimas,
en la humanidad de la historia que leo a solas
para que sea nuestra la muerte esta noche de bodas.
Dos niños listos a cruzar de nuevo.

jueves, 23 de junio de 2011

¿Quieres tener un ejemplar de cortesía de nuestras obras?


En busca de lograr una mayor difusión de nuestras obras y de establecer un vínculo más cercano con nuestros lectores habituales e-ditorial 531 está organizando un concurso que te permitirá tener de manera gratuita un ejemplar digital de nuestras últimas obras publicadas "Lucio Colombo. Una Noche" y "Carmela Mela La Caramela". Que debes hacer para obtenerlas?

  1. Publica en tu blog una reseña de no menos de 500 caracteres sobre una de las dos obras.
  2. Incluye en la nota  un vínculo a uno de los puntos de venta, un vínculo a nuestro blog y un vínculo a la previsualización que tenemos disponible en ediciona.
  3. Incluye una imagen permanente de la obra, que vincule a un punto de venta.
  4. Hazte seguidor de nuestro blog y da click en "me gusta" en la pagina de faebook de nuestra editorial.
Cuando hayas realizado estos pequeños pasos, envíanos un correo electrónico a info@editorial531.com y a vuelta de correo recibirás tu ejemplar de cortesía.

Si necesitas información adicional no dudes en comunicarte con nosotros.

viernes, 10 de junio de 2011

Un cuento para el FDS

Efraim Medina Reyes (Colombia, 1967) Escritor autor de las novelas Seis informes, Erase una vez el amor pero tuve que matarlo,  Sexualidad de la Pantera Rosa, Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, la colección de poemas Pistoleros/Putas y Dementes (Greatest Hits) y el libro de relatos Cinema árbol. Entre sus influencias son notables el cine americano, el jazz y la obra del autor colombiano Andrés Caicedo

"Round midnight"
Round Midnight de Herbie Hancock, que si mal no recuerdo había sido el tema central de un film del mismo nombre y había Ganado el Óscar por la mejor canción, estaba sonando en la radio mientras Erica me chupaba (ssluurrrpp) y yo cogía la última curva en sostenido para enseguida explotar (plos, plos, plos). Ella retuvo el semen en la boca, fue hasta la mesa y lo depositó sin muchas consideraciones en un vaso: el semen resbaló por el borde hasta quedar amontonado en el fondo. No era más que un escupitajo beige. El órgano, perdida su bizarría, se escurrió entre mis piernas. Yo habría preferido tener una faena completa con Erica pero ella tenía un astuto razonamiento al respecto: No puedo dejar que me lo metas porque vivo con JC. Ahora, que si tú me lo pides, rompo con él y me mudo contigo. Había delineado cada palabra con su boquita de delfín encrespada deliciosamente. Le dije que no veía diferencia entre chupármelo y dejar que se lo metiera, al menos diferencias éticas. Ella encrespó su boquita para repetirme que chuparlo era un juego entre amigos pero lo otro sería traicionar a JC, a menos que yo le pidiera, etc, etc. Que Erica lo chupaba bien, era innegable, pero me moría de ganas por ensartarla, la pesca submarina era mi pasión.



Sin embargo, JC era mi mejor amigo y yo sabía cuánto amaba a Erica. No podía hacerle semejante jugada y, además, no estaba enamorado de ella, me gustaba y punto. El código ético de Erica prohibía también los besos apasionados y las caricias audaces (como tocarle las tetas o meterle el dedo en la vulva), pero no limitaba su desnudez: tenía la piel blanca y delicada como una pompa de jabón, las tetas pequeñas y algo más separadas de lo corriente, con diminutas pecas y pezones morenos. Era redondita y magra, tenía el vello púbico graciosamente recortado y se movía a sus anchas, segura de su encanto. Yo sabía que llevarme por el filo de la navaja la satisfacía: ver cómo se quebraba mi resistencia, cómo la hundía con gestos calculados que la práctica continua había hecho naturales. Desde mi perspectiva ella se equivocaba, esta vez había dado con la horma de su zapato. Claro está que Erica apenas había insinuado una parte mínima de su repertorio y las sorpresas podían llegar en cualquier instante (JC entrando con una pistola, un enano con un regalo-bomba, Fidel Castro en minifalda de cuero y patines), por eso no descuidaba la vigilancia. Ella siempre hablaba de juegos y trampas (yo no lograba desentrañar el propósito de aquel juego, pero sentía cómo se hinchaban mis pelotas). 


Erica fumaba sentada en el piso con la espalda recostada en la pared, afuera lloviznaba.


Levanté el vaso y observé el semen. —Todo lo que sale de mí termina yéndose por una cañería—ella me miró divertida—. El Señor de la Mierda no puede quejarse de mi aporte. Oye, Erica, ¿ya no quieres a JC? —Más que nunca. —Huuumm. —Huuumm, nada—se había levantado para tirar la pava de cigarrillo por la ventana y se quedó allí, mirando la lluvia. Sus nalgas me volvían loco, me hacían babear—. Deseo tener algo intenso contigo, eso no significa que tenga líos con JC, ambas cosas no están conectadas, llevo tres años con él y necesito un cambio. —¿Y JC qué piensa? —Eso es mi asunto: si tengo que romperle el corazón y todo lo que imaginas, lo haré. Pero no es lo que tienes en mente, JC va más lejos, no es el muchacho que conociste. 


Erica había estudiado filosofía, trabajaba con dos universidades y escribía para una prestigiosa revista. Su tema favorito era Derrida (su proyecto es hallar palabras que posean una fuerza al margen de nosotros y exhiban su propia contingencia). JC era profesional de comercio exterior. No estaban casados ni tenían hijos, compartían un bonito apartamento en un edificio al norte de la ciudad: allí estaría él, esperándola. En esta triste habitación ella hablaba de cosas tan serias como si se tratase de una clase de biología o la discusión por el precio de una mudanza, ¿quién diablos se pensaba que era? (La fantasía es una carta marcada, un puente entre el verdadero azar y la impotencia). Si apenas la conocía, si no era más que un escritor fracasado con ínfulas, un amigo de su marido (quien siempre había sido franco y útil para mí), para colmo feo, cascado y pobre como una rata, ¿qué se traía esta tipa desnuda y risueña, esta putica infeliz que encendía el cigarrillo con tamaña gracia, como si fuese un rito, por qué no me preguntaba lo que sentía por ella, por qué culo lo daba por descontado? —No valgo mierda, Erica. —Deja de adularte, cariño –caminó desde la ventana hasta un espejito colgado en la pared, se miró fugazmente y volvió a la ventana. Las diminutas pecas sobre su espalda parecían estrellas negras sobre una noche blanca. Su frescura me ponía nervioso, aspiraba el humo y soltaba círculos perfectos, no tenía ninguna prisa, estaba unida al espacio como si hubiese estado allí desde siempre—. Me gusta como escribes, tu vida misma, la manera de mirarme a escondidas de tu propia razón. 


Yo había llegado de Europa en un avión lechero seis meses atrás y lo primero que hice fue llamar a JC. Su madre me dijo que se había mudado aparte y me dio la dirección. Habían pasado casi cinco años desde la última vez que lo vi, había perdido cabello y ganado peso, el éxito lo había afectado un poco (el presidente me invita a jugar golf cada dos semanas, tengo que cambiar el auto, compré un terreno en una isla frente a Ciudad inmóvil, ah, ésta es mi bella mujer. No te ves bien Sergio, ¿qué pasa contigo?) Trabajaba para una firma japonesa y asesoraba al gobierno de vez en cuando. En términos generales su cariño por mí seguía intacto. Me invitó a quedarme unos días en su apartamento (hasta que consigas un buen lugar) y ambos fueron muy amables conmigo. Cuatro días después me mudé a este hoyo. —No tengo entereza ni pasión... Mi talento es más flaco que yo. Me rompo la espalda escribiendo porque no tengo otra salida, no hay aventura en mí ni nada que me importe. Nada. Mi intención era hacerle saber en su propio lenguaje que no contaba en mi vida pero no pareció hacerle efecto, siguió observando la lluvia y dándole forma a sus oscuros pensamientos, quieta, como si la realidad emanara de ella y los demás fuésemos conceptos flotantes, algo así había leído en uno de sus artículos. Dejé la cama y me situé a su lado. Era una lluvia menudita coloreada por el alumbrado público. Miré la gente abajo, sus abrigos y paraguas, su agitación y malgenio, sus temores. Y arriba nosotros, apoyados en el borde de la ventana: una mujer desnuda y una hombre alto y flaco, lleno de incertidumbre dentro de su vieja pijama. Ella se había metido en un silencio agudo. Él fluctuaba entre la ganancia y la pérdida, empecinado, mirón, torpe, repleto de dudas ante una circunstancia que rebasaba sus límites. —¿Qué piensas?—pregunta deslizando su mano dentro de la pijama y sobándome las nalgas. De repente mete su dedo en mi culo—.No te asustes, cariño. Puse mis manos sobre sus tetas y ella hundió más el dedo dentro de mí, la uña me rayo la carne, se me nubló la vista. Un gemido de perro escapó por mis labios, sentí odio y angustia. Ella sacó el dedo sucio de mierda y sangre y lo pasó por su vulva. Un hilo de sangre caliente salió por mi trasero. Sus ojos tenían un brillo demente. Me vibraba el órgano como si fuese a reventar. La cogí del pelo y traté de besarla, aplastó la pava encendida contra mi pecho, sentí el olor de la tela quemada y luego la carne, apreté su muñeca hasta que la soltó. La quemadura me produjo un dolor placentero, avivó mi deseo de hundirle mi picha enhiesta en el corazón. Había agarrado su otra muñeca y me frotaba contra ella, que sacudía la cabeza de un lado a otro para evitar el beso. El forcejeo nos había llevado al centro de la habitación. Desde el apartamento de enfrente un niño observaba la escena, ella no lo había visto. La solté. El niño no abandonó la vigilancia: a través de sus ojos vi a las dos feroces criaturas encerradas en aquella celda, sucias y heridas, dándose zarpazos y dentelladas: el macho jadeaba con los ojillos tristes y el deseo vivo a pesar de la vergüenza, la hembra temblaba por la furia y el deseo contenido. No parecían dispuestos a dejar la lucha, sólo estaban tomando aire y mirándose de hito con miradas distintas. —¿Sabes qué es lo triste?—se fijó en el niño, lo miró intensamente y él correspondió sin moverse. Por un instante estuve afuera, como un indolente espectador. Ella se cubrió las tetas y retrocedió un poco, el niño se movió con ella, buscando el ángulo de su ventana para seguir viéndola, ella se refugió en el rincón y escapó de su vista. El niño volvió a mí, me hizo un gesto obsceno y se retiró. Al instante vino una anciana y estiró la cortina, me pareció que se quedaba espiando detrás de la tela.—. Me enamoré de ti enseguida, como si fuese una tonta de película, de ti. No sé porqué me pareció que eras diferente, y ves que no, eres otro que quiere meterlo y olvidarlo. Debo parecerte tortuosa, una tipa que complica lo sencillo. ¿Para qué dañar a JC si podemos hacer la fiesta sin que se entere? Eres bueno, eh, un chico excelente pero sin fortuna, como dice JC. Y claro, yo, yo vengo a ser algo así como una tipa sin alma, una puta enferma de Derrida que pretende embaucar a cualquiera. Pero no soy cualquiera, soy un chico listo, conmigo se jode, le dan las trece, jajá, no soy lo.... —Será mejor que te vayas Erica. —¿Eso es todo? Vaya fiesta más corta. —No quiero líos contigo, Erica –se había sentado en el rincón y me miraba con sorna—. Además, tengo ensayo, Piero pasará por mí. —Eso es patético –abrió las piernas cuanto le fue posible—. Sólo era meterlo aquí y punto. Nada de líos. —Erica, por favor... —Como se hace en Europa. Ah, y también las mujeres del grupo: es un ejercicio de relajación que calma el miedo escénico—estaba arrastrándose hacia mí con las piernas por delante, impulsándose con las manos—. ¿Eso querías, no? Entonces hazlo—se detuvo, yo estaba parado en medio de la habitación y ella abajo, con sus pies sobre lo míos. —¿Qué puedo decir? –pregunté imitando su tono pérfido y descompuesto y abriendo los brazos teatralmente—. Me tienes, estoy jodido. —Eres un pobre hijueputa, alguien te chupó el alma y escupió la cáscara, estás cagado de miedo, reseco—se tumbó bocarriba y empezó a moverse como si hiciera el amor con el Hombre Invisible—. Eso es, chico miedoso, mételo todo, hasta las pelotas, mételo, aaahhh—me desnudé y fui por ella, la sangre golpeaba mis sienes. La besé con ira y sin preámbulos se la emboqué y me sacudí con todas mis fuerzas contra el mojado vacío, una y otra vez—. Eso es, chico bueno, caramba, no lo haces tan mal, pega más fuerte, ¿es todo? Pega chico, pega—apoyé las manos en el piso y erguí el tronco sin dejar de golpear. Sus ojos parecían dos estrellas ciegas, había gotas de sudor en sus dientes, no paraba de azuzarme. El semen avanzó por oscuros callejones, traté de pararlo pero no pude (plos, plos, plos). Todavía me sacudí un poco empujado por la furia—. Es el final, chico—dijo con una voz extrañamente dulce. No sé cuánto tiempo duramos abandonados y jadeantes, inmóviles, como una larga mancha de asco y miedo sobre el piso frío mientras el tipo de la radio anunciaba Song Love de Bobby McFerrin. Mientras ella se viste, yo, apoyado en la ventana, miro hacia abajo. La lluvia es intensa y la gente corre, choca, se insulta. Por mi mente discurren cientos de escenas iguales: el mismo hotelucho con baño compartido al fondo de un sórdido pasillo donde siluetas nerviosas hacen turbios pactos, la misma habitación estrecha, los mismos libros regados por el piso, las misma paredes desteñidas y el raído maletín bajo la angosta cama, el mismo afiche de Paris-Texas que no resiste una despegada más, la misma mujer poniéndose mil bragas, ajustándose brasieres en una secuencia infinita, delineando sus cejas frente al espejito, prometiendo mil veces regalarme uno más grande. La misma lluvia, la misma calle con ratas gordas, la misma mierda en Barcelona, París, Charleville (para conocer la casa donde nació Rimbaud, que ya no existe y donde quedaba la sala hay un semáforo), Bogotá. Ella tenía razón, mi espíritu estaba reseco, mi picha había chapoteado en cientos de vulvas sin hallar fondo, sin encontrar lo que debe saberse antes de morir. Quizá había ido en la mala dirección, quizá Linterna verde había mentido. De cualquier forma, Erica había hecho una jodida variación de la escena, había dinamitado el encanto para siempre. No sabía si era amor (Dios me libre) o desaliento pero me dolía ahí, me dolía mucho. Entre las trepidantes notas de Dexter Gordon escuché sus pasos alejándose, la manera delicada como cerraba la puerta, sus pasos bajando la escalera y luego un espacio de silencio y allí está, justo debajo de mí, frente a la entrada del hotel, mojándose, dando pasos en uno y otro sentido, giros en mitad de la calle como si bailase con Dexter. Un transeúnte se le acerca, le ofrece el paraguas, ella lo rechaza, le susurro: estoy arriba, Erica. Tal vez te amo. No levanta la cara sino que se aleja entre la gente empujada por la ola, perdida de Dexter Gordon y de mí, dejándome aguijones en el cielo de la boca y una herida en el culo que todavía sangra. Thad Jones y Mel Lewis atizaban la peor noche de mi vida (y he tenido más noches malas que cualquiera). Tras Thad y Lewis vino Monk: la versión original de Round Midnight penetró mi carne como un filoso cuchillo. Monk quizá fuese menos ecléctico que Herbie pero a mi modo de ver era más peligroso: un asesino delicado. Las melodías y armonías de Monk suelen ser tan dentadas como esquirlas de explosión (había escuchado una tercera versión de ese tema grabada por Miles Davis y John Coltrane en 1955, era la más inofensiva y encantadora, y por ende la más popular). El piano de Monk parecía hablarme: qué puñetero eres, chico. No es necesario herir así para ponerte a salvo, y no me vengas con frases hechas, no puedes engañar al viejo Monky, me doy cuenta de que estás podrido de ella, te bastó verla para saber que algo iba mal, ¿qué demonios hace esta criatura en la pecera de este chupa morcillas japonesas? Pero como eres un tipo mundano tenías que dominar todo sentimiento inferior (porque ya me jodieron por eso bastante). ¿Ya sabes lo que solía decirme ese viejo zorro de Fats Waller?, decía: mantente lejos de una mujer lista, Monky. Una mujer con ideas sueltas es lo peor, chico, lo peor. ¿Y sabes qué? Hace rato que mandé a la mierda los consejos de Fats. Todavía parece estar en la ventana: una noche blanca llena de estrellitas negras, una noche hecha pedazos y el líquido de mi existencia rumbo a las cañerías. Monk concentra el veneno, no está dispuesto a ser blando, cierra con ritmo frenético todas las vías de escape, por suerte llega Art Blakey y pone cada cosa en su lugar con Every Things. A Erica le gustaba más la música oriental que el jazz pero compartía mi admiración por algunas leyendas, sobre todo Duke Ellington y The Marsalis. Una vez, mientras cenábamos en compañía de JC, había dicho que era una buena señal que me gustase el jazz. —¿Qué tiene de especial? —preguntó JC algo molesto—. Es sólo música de negros. —Es la música de aquellos cuyos sueños se han averiado—dijo Erica con ojos encendidos. —¿Y eso qué?—preguntó JC con la boca llena de carne molida. —Nada —dijo Erica—. Sólo que me gusta le gente así, no puedo evitarlo. La ciudad está desierta, lo apropiado para un fantasma, la lluvia es otra vez menuda, algo está roto en algún lugar y gotea, la habitación necesita una mano de pintura, la radio sigue emanando jazz, es un lujo, aun con rotos es fulgurante escuchar ese viejo tema de Sarah Vaughan acompañada, entre otros, por Gillespie. Yo tengo por costumbre hacer versiones libres de los temas que en otros idiomas me gustan, a una chica llamada Flop, que conocí en un bar de Barbes Rochechouart (y que más tarde editó un libro mío de poemas) le regalé la versión de ese tema: Es terrible cuando los sueños se hacen realidad/ cuando una ciudad se te incrusta dentro/ cuando un patán te roba el corazón/ A veces es mejor dejar los sueños tranquilos/ Es terrible porque los sueños tienen filo/ porque las ciudades sólo son dulces a lo lejos/ porque cualquiera puede sacarte del engaño/ A veces es mejor dejar los sueños tranquilos/ dejar que el agua corra. 
Cuando era niño tenía un sueño recurrente: un número escaso de cubos de hielo cayendo en altamar, pequeños cubos para acompañar el whisky flotaban sobre la inmensidad marina, se desleían lentamente bajo la blanca y redonda luna. Cuando le preguntaba a mamá el significado de aquel sueño, ella me aconsejaba no comer dulces antes de acostarme. Ahora comprendo porqué no me dijo la verdad, ahora sé en carne propia lo que sentían aquellos pequeños cubos.

lunes, 30 de mayo de 2011

Un ebook recomendado: “Carmela Mela La Caramela”

Capitulo II


La salida prevista para el viaje se concretó un Viernes, y el conductor del bus escalera que llegó hasta el tope de gentes conocidas, no tuvo ningún reparo para amontonar a la familia con su trasteo e ir encaramando más y más personas a medida que descendía, sin que se escuchara la menor protesta, habituados a esa perniciosa costumbre por fuerza de la necesidad.

Apretujados con variados productos: sacos de café, frijol, maíz, yucas, arracachas, racimos de plátanos, delicadas frutas; amasijados con cebollas, repollos, quesos y aves, se mezclaron los olores del campo con tufaradas de almizcles envueltos en ruanas, arropados en abrigos y cubiertos con sombreros, que se alborotaban en aromas y demás vapores que enrarecían y molestaban el olfato de la niña, que no encontraba por dónde esconder o sacar su sensible nariz.

Las bulliciosas ilusiones de los campesinos en espera de buenos precios para sus mercados y las hablantinerías sobre novedades ocurridas en el transcurso de la semana, se confundían en comentarios y expresiones de pesar por la inconveniencia y el perjuicio que causaba el viaje de familias que se iban desgajando de raíz de sus lugares nativos.

Eran como las cinco de la tarde cuando el bus, en su retardado viaje con la lentitud de pare y siga, llegó a su destino.

El destartalado vehículo, quejumbroso, de latas desajustadas y roídas por el tiempo, guijarrosos senderos y breñales, se había desplazado dando tumbos por el abrupto camino, amenazando con dejarlos abandonados a su suerte, con la expectativa del porvenir frenada en los vericuetos de esos azares.

Después de recorrer el largo trayecto en declive, una caudalosa quebrada marcó el límite que dejaba atrás las encumbradas lomas.

Vadeando la corriente y salvando un empinado desnivel del terreno, apareció de repente la planicie tapizada de verdor y poblada de reses cuya presencia se anunció con un vaho de ganado lechero que perfumó el ambiente saturado de los apestosos olores que venía aspirando Carmelita, quien no perdía ningún detalle del accidentado recorrido y que le hizo exclamar aliviada.

- ¡Por fin! - cuando alguien dijo:

- ¡Hasta aquí los trajo el río!

Cruzaron un pequeño riachuelo que advirtió la cercanía a la meta del viaje, casi una legua antes de entrar al poblado, luego se desviaron, precisamente frente al tercer río que había contado la niña. Se adentraron por un estrecho y corto callejón cercado de alambres, en el que se entrelazaban yerbas, plantas y enredaderas de florecitas blancas, moradas y amarillas, para separar un potrero de suave y ondulado terreno poblado de frondosos árboles que extasiaron su mirada.

Cuando se detuvieron frente a la escuela, el conductor, su ayudante y unos cuantos voluntarios bajaron rápidamente los chécheres maltrechos y gastados que constituían las escasas pertenencias, que como muebles usaba la familia.

La diligencia de tantas manos, contribuyó a hacer menos dura la despedida de Laura, que amonestada por un indelicado pitazo, interrumpió los abrazos que daban por concluido el nostálgico adiós.

La natural novelería por la llegada de la nueva familia no se hizo esperar, y con el pretexto de darle la bienvenida, salieron casi todas las vecinas a presenciar el acontecimiento, a saludar, a ponerse a sus órdenes y tener un motivo de conversación y chismorreo que les distrajera la atención por algunos días.

En la esquina de la escuela, se apostó la vieja más fea que Carmelita hubiera visto en sus cortos años. Morena, alta y desgarbada, cubría su cabeza con un sombrero de paja del que se escapaba una trenza destejida de greñas entrecanas. Apretaba la sonrisa con sus dientes desnivelados que le torcían la boca, achicando de paso, la mirada del ojo izquierdo, perdido en remangado párpado.

Su falda ancha de florones colorados, llegaba a la mitad de unas zancas palilludas y parecía pronta a levantar el vuelo.

Cargaba un perro de pelos largos y mugrientos, cuya suciedad ocultaba su blancura original. El animal era objeto de sus esmerados cuidados y mientras observaba la escena del rápido descargue de corotos pobres, le sacaba pulgas, sin inmutarse por la repugnancia que despertaba en los presentes.

Carmelita, que vivía como en un cuento fantástico en su pequeño mundo infantil, dominado por el influjo de lo maravilloso, prontamente la identificó como la maléfica bruja que hizo dormir a la princesa Aurora por cien largos años.
Esta estremecedora visión la hizo salir despavorida, sintiéndose observada, y en su alocada carrera, mirando hacia atrás para cerciorarse que no la persiguiera, para hechizarla con el extravío de su ojo izquierdo, se enredó con una carreta que venía empujando un muchacho, el cual al verla por el suelo, echó a reír en sonoras carcajadas burlonas que incomodaron a la pequeña, a quien solo se le ocurrió decir.

- ¡Fíjese por donde camina!

Parado con su armatoste al hombro, hecho de una guadua que terminaba en un gran carreto, formado por dos ruedas de madera y un palo atravesado en forma de cruz que le servía de manivela, cruzó el pie derecho en punta por encima del izquierdo y sobre el travesaño de su elemental artefacto objeto de juegos y trabajo, dobló los brazos para apoyar la barbilla y con aires de hombre adulto, asumió una pose de sobradora petulancia para discutir con la niña.

- ¡Pues sí! No ve que la que no se fija es usted. Uno tiene que caminar mirando para adelante, niña.

- Voy a decirle a Laura - gimoteó amenazante Carmelita.

- ¡Dígale a la tal Laura! ¡Mire cómo tiemblo! - y empezó a mover las manos y el cuerpo con animada risa, fingiendo una nerviosa convulsión.

- Pues pa´ que sepa, repuso la niña, Laura es la maestra.


- Lo voy a hacer castigar.

- ¡Uuujm! ¿Yo acaso estoy en la escuela?

- Mentiroso, todos los niños van a la escuela.

- Si, pero yo no voy a volver, porque a mi no me gustan las escuelas, ni los maestros enojones que me hacen perder los exámenes. A mi lo que me gusta es trabajar y tener plata pa´ gastar y comprarme una bicicleta.

- Pues Laura va a ir a su casa para que lo entren a estudiar- enfatizó Carmela, convencida, que la escuela se había hecho para que los niños se conocieran, jugaran, la pasaran entretenidos y enterados de los sucesos de los pueblos y la vida de los vecinos, como ella, que por tener esa institución como casa, vivía muy a gusto en tan privilegiado lugar.

Le parecía un despropósito oír al niño calificar de enojones a los profesores, que ella concebía amables y comprensivos como Laura, la única maestra que hasta la presente había tenido y que enseñaba sumas, restas, las tablas de multiplicar, canciones, juegos, cuentos, historias y las cosas que los niños aprendían.

En medio de la porfiada contradicción, viendo que la niña no se levantaba rápido, el muchacho descargó la carreta a un lado para ayudarla, pero ella le retiró la mano con repelente palmada, manifestando la molestia con una mirada de disgusto.

Haciendo caso omiso, el chico la tomó de su delgado brazo, obligándola a ponerse en pie y al notar que cojeaba un poco, le preguntó con gesto preocupado si se había lastimado mucho.

Carmela, que en casos de golpes, peleas y demás tropezones contra el mundo no daba quejas, porque sabía que a cambio de un consuelo recibía reprimendas y censuras, seguidas de la acusación “¡Eso te pasa por estar neciando!” fingiéndose valiente, no lloró y dijo que nada le dolía, aunque tenía lastimada una rodilla.

Increpándose una a otro reanudaron el debate, que fue suavizándose a medida que se culpaban y se objetaban. Consciente el muchacho que la niña era extraña en el lugar y no conocía nada ni a nadie, la invitó a seguirlo, para mostrarle donde podía limpiarse la sangre, que en hilitos manaba de la rodilla, se deslizaba por la pierna y manchaba sus medias blancas.

Acompañados con el golpeteo de los tarros al chocarse unos contra otros, anduvieron un corto trecho, conversando con el lenguaje simpático de la mayoría de los niños, hasta llegar a una acequia grande, que se deslizaba por debajo de un angosto puentecito, que daba paso al camino.

La copiosa agua cristalina, embellecía y daba un fresco verdor al paraje e hizo olvidar completamente a Carmelita, las impertinencias del muchacho, admirando lo que nunca había visto en la fría montaña: Niños solos, bañando y jugando en la corriente, sin nadie que los cuidara y ya entrado el anochecer.

Para seguir adelante con esta historia, acercate a la Libreria Norma o a Todoebook y llevate tu ejemplar.

lunes, 23 de mayo de 2011

Un adelanto de Carmela

Despues de mucho anunciarla ya está disponible para todos nuestros lectores la nueva novela "Carmela Mela La Caramela" de la escritora colombiana Haydée Rivera. A continuación los dejamos con un abrebocas de esta obra narrativa del costumbrismo colombiano. Esperamos tus comentarios y apreciaciones.


A sus escasos ocho años y sin pleno uso de razón, nada sabía Carmelita sobre pronósticos astrológicos, observaciones astronómicas, descubrimientos de leyes y teorías científicas que rigen el universo, los astros y su convulsionado planeta.

Ignoraba por completo las influencias de la gravitación, la atmósfera, la refracción de la luz y mucho menos sabía de radiaciones, insolaciones nocivas a la piel y los cuidados para protegerse de la lluvia, el frío y el sereno.

Lo más próximo a los saberes que podía alcanzar, en esos inhóspitos parajes de la lejana montaña donde vivía, olvidados de la civilización y del Gobierno, era el almanaque Bristol.

Oía que este pintoresco folleto era consultado por los abuelos y viejos campesinos para sembrar al ritmo de la luna en sus erráticos novilunios y para determinar los hechiceros plenilunios a los que atribuían poderes mágicos, perturbadores de la naturaleza y las facultades mentales de personas motejadas como lunáticas, victimas de ese noctámbulo satélite.

Por eso, mirar al cielo era para ella un juego sencillo y usualmente entretenido que le ofrecía noches y días con sus infinitos y vertiginosos cambios de paisajes y fenómenos multicolores que la ensimismaban en recorridos sin descanso por inmensos y difusos laberintos siderales.

Acostada en el mullido césped del patio de la escuela donde residía se escapaba hasta esos encumbrados parajes.

Se imaginaba vestida con tules y gasas de las veladas nubes, ataviada con blancos y deslumbrantes cúmulos, girar envuelta en deshilachados mantos, engalanada con los oscuros nimbos que presagiaban los inviernos y deslizándose por el arco iris para traer al campo la alegría en finas gotitas de lluvia, en intensos chubascos o fuertes chaparrones.

Justamente por eso, lo primero que observó en el pueblo donde llegaba la familia, empujada por ircunstancias incomprensibles a su candoroso discernimiento, fue el firmamento claro y despejado de un nuevo clima acariciadoramente tibio a la piel erizada y aterida de los días ordinariamente lluviosos y helados de la cordillera.

Le pareció como si hubieran llegado a un pueblo devoto del sol y estuvieran entrando en un templo indígena, a reverenciar los prodigios del astro rey.

Para seguir adelante con esta historia, acercate a la Libreria Norma o a Todoebook y llevate tu ejemplar.

viernes, 13 de mayo de 2011

Ven a disfrutar de la fiesta del libro y la cultura

Hasta el día 16 de Mayo se estará celebrando en Bogotá la 24 Feria del Libro. Este año trajo como país invitado a Ecuador, quienes han hecho un despliegue interesante de cultura y amabilidad en su stand, ofreciendo desde "helado de paila", hasta experiencias multimediales, pasando por conversatorios literarios, muestras fotográficas, libros de todas las temáticas e incluso, un exquisito restaurante con una muestra gastronómica sin par.

Otro de los grandes atractivos de este año ha sido la muestra realizada en honor al Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Esta muestra cubre distintas facetas de la vida del peruano que a sus 75 años ha sido poeta, dramaturgo, actor, periodista, político y Premio Nobel de Literatura.

La muestra 'La libertad y la vida' se divide en catorce ambientes que completan unos 800 metros cuadrados donde se intercalan documentos audiovisuales con manuscritos y objetos personales del escritor peruano.

Además de estos dos grandes atractivos, la feria a contado con actividades permanentes, tales como conversatorios exposiciones, conciertos y muestras culturales de todo tipo. No obstante la asistencia del público a este evento ha sido pobre, por decir lo menos. Me gustaría pensar que es por el clima oscuro y lluvioso que ha reinado en Bogotá en los últimos meses y que se ha incrementado en estas dos semanas. Aún así, no hay excusa valida para dejar pasar esta oportunidad de disfrutar de la buena cultura en nuestra ciudad. Si no han ido aún estan a tiempo, y si ya fueron, pues repitan, porque este último fin de semana bien lo vale.

domingo, 8 de mayo de 2011

Lucio Colombo: Un nuevo sol que ilumina desde Colombia

 
Lucio Colombo es un personaje de dibujos animados nacido de manera espontánea en el año 2002, en el hogar de la diseñadora y artista plástica Ceci Arango, quien es una de las personas que ha llevado la vanguardia en el diseño y arte en defensa de la identidad cultural en Colombia.
 
Este primer libro relata el nacimiento de la familia Colombo. La historia tiene su inicio al final de una larga guerra que termina en una inmensa tempestad que inunda todo. Después de la tormenta llega la calma y es allí donde renace un día el niño sol y su familia, con la huella de la historia de lo sucedido.
 
Lucio Colombo es un niño sol que con sus aventuras vive y expresa su amor a Colombia y contribuye a fomentar el amor por éste, cuestionando a aquellos que no aprecian su país. Lucio Colombo tiene una familia muy especial, en la que cada uno ve a Colombia de una manera diferente; todos tienen virtudes particulares y defectos que funcionan en la historia como antagonismos. Tiene también amigos de diferentes culturas del mundo, con los cuales juega y aprende sobre la diversidad cultural presente en todos los espacios de nuestro país.
 
Este libro es el primer lanzamiento de e-ditorial 531, empresa gestada a partir de la iniciativa de un grupo de aprendices SENA, y está especializada en la creación y publicación de libros digitales con contenido multimedia.
 
Lucio Colombo está dirigido a un público de lectores infantiles entre 6 y 12 años, su contenido cuenta con 32 ilustraciones animadas y una voz narradora que acompaña al lector a través de la historia, herramienta de mucha utilidad para niños en proceso de aprendizaje lector. Su presentación se realizará en el marco de la Feria del Libro Bogotá 2011 aunque ya se encuentra disponible a la venta en La Libreria de la U y todoebook entre otras tiendas.
Para conocer más sobre nuestro personaje y ver un adelanto de la obra pueden dirigirse a: http://www.luciocolombo.com/aventurasanimadas.html

martes, 3 de mayo de 2011

Editorial 531 estrena su nueva novela."Carmela Mela La Caramela"

En el marco de la 24 Feria del Libro de Bogotá (Colombia), Editorial 531 se prepara para entregar al público su segunda obra. En esta ocasión se trata de una novela pensada para una audiencia a partir de los 15 años de edad.

Carmela Mela La Caramela, es la ópera prima de Haydeé Fabiola Rivera, maestra vallecaucana que a través de estas páginas nos presenta una novela enmarcada en la tradición del “costumbrismo colombiano”. En esta obra se presentan retratadas las escenas típicas de la vida rural de gentes buenas y sencillas del Valle del Cauca colombiano de la segunda mitad del siglo XX; donde la vida cotidiana transcurre al vaivén de un destino azaroso, colmado de aventuras, felicidades, sueños y desengaños, los cuales se ven interrumpidos abruptamente por los azares y la inclemencia de la violencia que ha azotado nuestro país durante décadas.

Esta realidad es proyectada a través de los ojos de Mela y Fico, los protagonistas de esta historia, dos niños listos que viven limitados por carencias económicas y afectivas que en lugar de amilanarlos, los llenan del ingenio y las ansias que son el motor propulsor en su desbocada carrera del diario vivir.
De esta manera, reflejados en Mela y Fico, Carmela Mela La Caramela nos muestra el encanto, la fuerza y la pureza de los niños y niñas de todos los lugares y los tiempos, y luego a los hombres y mujeres que se levantan o someten a las realidades de sus entornos o quizás… a su suerte.
Si quieres ser el primero en leer un adelanto de esta obra, haz click aquí