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martes, 12 de junio de 2012

La inocencia infantil se toma la palabra en "Los bautizos de Mariana"


Portada de
"Los bautizos de Mariana"

Título: Los bautizos de Mariana.
Autor: C.J. Torres
Edición pasta rústica
Precio: $30.000 (pesos colombianos) - U$15
ISBN: 978-958-57403-0-3

Abril de 2012
Los bautizos de Mariana es la primera obra infantil del escritor cartagenero Cristian Jose Torres Cassiani. En ella se presenta la historia de Marianita, una pequeña de cinco años que vive una gran aventura para llevar a cabo su bautizo. Como todos los niños, Mariana tiene la capacidad de percibir lo que sucede a su alrededor desde un punto de vista incorrupto. Su mente aún no ha sido invadida por las ideas de otros, por los argumentos sesgados, los prejuicios y la demagogia. Mariana conserva su inocencia y eso la convierte en la mejor observadora de lo cotidiano. ¿Cuántas veces nos olvidamos de que lo que realmente importa es el significado de las cosas y no la forma que les damos? ¿Por qué los adultos insistimos en adornar las celebraciones como si de una competencia se tratara, buscando siempre el nuevo salto mortal que dejará a todos los invitados con la boca abierta? La pureza de Mariana nos enseña que bajo todas esas capas de superficialidad se encuentra siempre una idea, un concepto lo suficientemente simple y poderoso como para no necesitar ningún tipo de añadido.
Larry recupera su ojo

Esta novedosa historia dirigida a chicos de 8 a 17 años, ha sido editada en 112 páginas, divididas en 7 capítulos, acompañados de 7 ilustraciones exclusivamente creadas para esta obra que hacen de Los bautizos de Mariana una historia tierna, novedosa y envolvente.

Los bautizos de Mariana fue presentada de manera exitosa durante la 25° Feria del Libro de Bogotá 2012  . Actualmente esta disponible en las Librerías Lerner de Bogotá  Calle 92 # 15 - 23 y Av Jimenez # 4 - 35, También en la librería Luvina Cra. 5a No. 26 C - 06, en Cartagena en Ábaco Libros Calle de La Iglesia con Calle de La Mantilla esquina Nº 3-86. Y para el resto del país, contactando directamente con nuestra editorial en nuestro e-mail.


martes, 13 de diciembre de 2011

Lanzamiento de la obra poética "Veranos en Invierno" de Rafael Ovalle Tovar

13 de diciembre de 2011: E-ditorial 531, editorial especializada en  edición y publicación libros en formato digital e impresión por demanda,  con sede en la ciudad de Bogotá, y con el apoyo de la Secretaría de Cultura del Huila,  presentará la obra poética “Veranos en Invierno” del escritor huilense Rafael Ovalle Tovar.

El lanzamiento se llevará a cabo el día viernes 16 de diciembre a las 6:30 de la tarde en el Bloque Cultural del Centro de Convenciones José Eustasio Rivera, Carrera 5ª Nº 21 – 81, en la ciudad de Neiva.

El autor Rafael Ovalle, licenciado en literatura y lingüística de la Universidad Surcolombiana de Neiva y en la actualidad docente, ha sido incluido en diferentes publicaciones como Crónica Poética del Huila, 1999; Memoria secreta de la infancia: Textos de veintiún escritores del Huila, 2004; Parvulario: Dieciocho textos de maestros sobre la infancia, 2005; y Matamundo: Una muestra de literatura huilense contemporánea, 2005. Autor de Los libros: Viaje a la luz, publicado por la Universidad Surcolombiana en 1993; Volver al origen, publicación del Consejo de Cultura de Rivera en 1999 y Verso con olor a tierra, Fondo de Autores Huilenses, 2009.

Con Veranos en Invierno, el lector logrará salir de sí mismo, librándose de las ataduras del ego individual, recorriendo la vida para volver al origen del ser y trascender libremente hacia la “otredad”. Allí está el caminar, ese movimiento que gesta dialécticamente el acto permanente del vivir, con el hombre y el camino, con los niños y la naturaleza, con la mujer y la vida.

miércoles, 26 de octubre de 2011

La vaca Puppy. Una revelación literaria

E-ditorial 531 se enorgullece en presentar a su público una nueva revelación de la literatura infantil. Manuela Fernández Agredo, desde pequeña ha sido una niña espontánea, alegre, y pacífica. Le gusta bailar todo tipo de música, cantar, estudiar, escribir cuentos y poemas infantiles, actuar, disfrutar de la vida y sobre todo, busca explorar el mundo en su cultura y sociedad.

A sus trece años, Manuela Fernández Agredo, ya es poetisa y escritora. Estudiante de tercer grado de bachillerato. Desde los siete años narra e ilustra cuentos infantiles destacando los diferentes valores del ser humano. Sus escritos cuentan historias de ciencia ficción, terror, y fantasías con que todo niño sueña. Ha recibido varios reconocimientos a nivel Regional, Nacional e Internacional. Ha sido condecorada por la organización Green Planet en el marco del “Foro Ecológico Infantil” en Moscú, Rusia por la ponencia “Estimulación a los niños a cuidar el medio ambiente”. Asistió al Festival Mundial de Ecopoesía en Tumbes, Perú, e hizo parte del proyecto Natalicio de Pablo Neruda 2011 en Isla Negra participando con la obra “Un poema a Pablo Neruda”.

En esta ocasión trae ante ustedes su nuevo cuento "La Vaca Puppy: La cena de despedida" . La vaca Puppy vive en una hermosa hacienda en las afueras de Pereira, allí comparte con Doky, el cerdito deportista, Bory la oveja vanidosa, Birul la cabra amigable y Lulis la gallina coqueta. A cargo de ellos esta Presdel quien siempre los ha cuidado con amor de padre. Sin embargo, cuando se acerca la Navidad, Puppy y sus amigos descubren los terribles planes que tiene Presdel para la Nochebuena, por lo que inician un plan extraordinario que los lleva a vivir una aventura inolvidable buscando que Presdel cambie de opinión.

Esperamos que disfruten de esta nueva obra que muy pronto estará al alcance de tos ustedes.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Cuando unas puertas se cierran, otras se abren

Hace unos días,  Editorial Norma dijo a su público que a partir del próximo año enfocaría sus esfuerzos y sus recursos  a convertirse  en la compañía latinoamericana que ofrecerá el paquete más completo del sector Educación. Por tal motivo, ha tomado la decisión de desinvertir en las líneas de negocio que no atienden directamente este objetivo. En otras palabras, Editorial Norma decidió acabar con su línea literaria, eliminando de su catálogo la producción de contenidos en temas de  ficción adultos, no ficción, verticales de bolsillo, autoayuda y crecimiento personal.

Esta noticia, además de generar gran sorpresa al tiempo que una profunda tristeza en el mundo editorial, levanta tras de sí algunas preguntas como: ¿cuáles son las verdaderas razones para que una editorial de tanta tradición abandone una línea de negocio que aparentemente era de gran envergadura en su catálogo? O ¿será que los hábitos de lectura del público se han deteriorado tanto que ya no es rentable publicar y vender literatura?

Para comenzar, según los voceros del grupo Carvajal, esta decisión se tomó bajo un interés netamente comercial, pues lo hicieron no porque las cifras estuvieron mal, ya que las ventas en esos títulos, ha dicho a los medios Gladys Helena Regalado, presidenta de Carvajal Educación, se mantenían estables. Sin embargo, en opinión de muchos libreros las nuevas generaciones tienen unos hábitos de lectura bastante pobres y por consiguiente sus costumbres de compra de libros son mínimas.

Sin embargo, esta situación más allá de ser un mal augurio, e-ditorial 531 la toma como una gran oportunidad para apostarle a la cultura, y más exactamente a la literatura. El hecho que los jóvenes no les guste leer nos lleva a buscar nuevas maneras de llevarles el mundo de los libros en lenguajes atractivos para ellos, es por esto que nuestros contenidos son enriquecidos (según al público que sean dirigidos) con contenidos multimedia tales como audio, video y animaciones, entre otros.

De la misma manera, la decisión de Editorial Norma de acabar con su línea de contenidos literarios nos lleva a hacer una invitación abierta a todos aquellos autores afectados por esta decisión, para que se acerquen a  nuestra editorial y le den una nueva vida a sus obras, esta vez, gracias al mundo de los libros electrónicos (ebooks). Esto les permitirá mantener ese público que con tanto esfuerzo han alcanzado, al tiempo que les abrirá la posibilidad de llegar a un nuevo segmento de lectores. Por estos motivos les reiteramos nuestra invitación ponerse en contacto con nosotros en info@editorial 531.com 

No pierdan esta gran oportunidad.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Veranos en Invierno

E-ditorial 531 se complace en traer ante ustedes una nueva publicacion para aquellos amantes de la poesia. Esta vez vez, la inspiracion viene de la mano del escritor colombiano Rafael Ovalle Tovar, quien nos presenta su obra "Veranos en Invierno". Para su deleite, los dejamos aqui con una muestra.


Entre la luna y el sol

Entre la luna y el sol
el comienzo sin fin, la desnudez, la lluvia.

El camino lleva a otro camino, al sol.
Es sol otro camino. Valle, montaña y luna.
El camino es sol, es luna.

Hombre – ciego hombre,
la luz te brinda el mundo, te puebla de caminos
y tú, muriendo de muerte. Soledad cerrada noche.

El camino no está hecho
para llegar, para partir, ni estacionar, prejuicios;
para eso luchas, para eso sudas
de sol a sol, de luna a luna.

La vida es otra forma de vida,
fundación del ser, acto creador, comienzo sin fin.

Viaje a la luz

Nos prometimos el adiós.
Hablamos del largo viaje
en la sensual luna de tus lágrimas.


Cruzamos el río teologal de la esperanza.
Obligados a dar razón de nuestras sombras
hicimos del sistema solar el destino del hombre,
el más allá de los sueños.


Nos cuidamos de no perder la cordura.
No ahogar la conciencia en el mar del ocaso,
la temible inocencia de los hombres absurdos.


Vuelvo a nacer en ese adiós que promete el viajero,
en la sensual luna de tus lágrimas,
en la humanidad de la historia que leo a solas
para que sea nuestra la muerte esta noche de bodas.
Dos niños listos a cruzar de nuevo.

sábado, 18 de junio de 2011

Un cuento para el FDS

Charles John Huffam Dickens (1812 –1870) fue un famoso novelista inglés, uno de los más conocidos de la literatura universal, y el principal de la era victoriana. Fue maestro del género narrativo, al que imprimió ciertas dosis de humor e ironía, practicando a la vez una aguda crítica social. En su obra destacan las descripciones de gente y lugares, tanto reales como imaginarios. Utilizó en ocasiones el seudónimo Boz.

Sus novelas y relatos cortos disfrutaron de gran popularidad en vida del escritor, y aún hoy se editan continuamente. Dickens escribió novelas por entregas, el formato usual en la ficción en su época, por la simple razón de que no todo el mundo poseía los recursos económicos necesarios para comprar un libro, y cada nueva entrega de sus historias era esperada con gran entusiasmo por sus lectores, nacionales e internacionales. Dickens fue y sigue siendo venerado como un ídolo literario por escritores de todo el mundo.

Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II
Charles Dickens


Tenía el grado de teniente en el ejército de Su Majestad y serví en el extranjero en las campañas de 1677 y 1678. Concluido el tratado de Nimega, regresé a casa y, abandonando el servicio militar, me retiré a una pequeña propiedad situada a escasos kilómetros al este de Londres, que había adquirido recientemente por derechos de mi esposa.

Ésta será la última noche de mi vida, por lo que expresaré toda la verdad sin disfraz alguno. Nunca fui un hombre valiente, y siempre, desde mi niñez, tuve una naturaleza desconfiada, reservada y hosca. Hablo de mí mismo como si no estuviera ya en el mundo, pues mientras escribo esto están cavando mi tumba y escribiendo mi nombre en el libro negro de la muerte.

Poco después de mi regreso a Inglaterra mi único hermano contrajo una enfermedad mortal. Esta circunstancia apenas me produjo dolor alguno, pues casi no nos habíamos relacionado desde que nos hicimos adultos. Él era un hombre generoso y de corazón abierto, de mejor aspecto físico que yo, más satisfecho de la vida y en general amado. Los que por ser amigos suyos quisieron conocerme en el extranjero o en nuestro país, raras veces seguían viéndome mucho tiempo, y solían decir en nuestra primera conversación que se sorprendían de encontrar dos hermanos que fueran tan distintos en sus maneras y aspecto. Acostumbraba yo a provocar esa declaración, pues sabía las comparaciones que iban a hacer entre ambos y, como sentía en mi corazón una enconada envidia, trataba de justificarla ante mí mismo.

Nos habíamos casado con dos hermanas. Este vínculo adicional entre nosotros, tal como lo considerarían algunos, en realidad sirvió sólo para apartarnos más. Su esposa me conocía bien. Nunca, estando ella presente, mostré mis celos o rencores secretos, pero aquella mujer los conocía tan bien como yo. Nunca, en aquellos momentos, levanté mi vista sin encontrar la suya fija en mí; nunca miré al suelo o hacia otra parte sin tener la sensación de que seguía vigilándome. Para mí era un alivio inexpresable cuando disputábamos, y fue un alivio todavía mayor cuando, encontrándome en el extranjero, me enteré de que había muerto. Tengo ahora la sensación de que era como si se hallara suspendida sobre nosotros una extraña y terrible prefiguración de lo que ha sucedido desde entonces. Tenía miedo de ella, me obsesionaba; su mirada fija vuelve ahora hacia mí como el recuerdo de un sueño oscuro, haciendo que se enfríe mi sangre.

Ella murió poco después de dar a luz a un hijo, un niño. Cuando mi hermano supo que había perdido toda esperanza de recuperación en su propia enfermedad, llamó a mi esposa junto a su lecho y confió el huérfano a su protección, un niño de cuatro años. Legó al niño todas las propiedades que tenía y escribió en el testamento que, en caso de que muriera su hijo, las propiedades pasaran a mi esposa como único reconocimiento que podía hacerle de sus cuidados y amor. Cambió conmigo unas cuantas palabras fraternales, deplorando nuestra prolongada separación y, hallándose agotado, se hundió en un sueño del que nunca despertó.

Nosotros no teníamos hijos, y como entre las hermanas había existido un afecto profundo, y mi esposa había ocupado casi el lugar de una madre para aquel muchacho, lo amaba como si ella misma lo hubiera tenido. El niño estaba muy unido a ella, pero era la imagen de su madre tanto en el rostro como en el espíritu, y desconfió siempre de mí.

No puedo precisar la fecha en la que tuve por primera vez aquella sensación, pero sé que muy poco después empecé a sentirme inquieto cuando estaba junto a aquel niño. Siempre que salía de mis melancólicos pensamientos, lo encontraba mirándome con fijeza, pero no con esa simple curiosidad infantil, sino con algo que contenía el propósito y el significado que con tanta frecuencia había observado yo en su madre. No se trataba de un resultado de mi fantasía, basado en el gran parecido que tenía con ella en los rasgos y la expresión. Jamás lo sorprendí con la mirada baja. Me tenía miedo, pero al mismo tiempo parecía despreciarme instintivamente; y aunque retrocediera ante mi mirada, tal como solía hacer cuando estábamos a solas, aproximándose a la puerta seguía manteniendo fijos en mí sus ojos brillantes.

Es posible que me esté ocultando a mí mismo la verdad, pero no creo que cuando comenzó todo aquello hubiera pensado yo en hacerle mal alguno. Quizá considerara lo bien que nos vendría su herencia, y hasta puede que deseara su muerte, pero creo que jamás pensé en lograrla por mis propios medios. La idea no me llegó de repente, sino poco a poco, presentándose al principio con una forma difusa, como a gran distancia, de la misma manera que los hombres pueden pensar en un terremoto, o en el último día de su vida, que luego se va acercando más y más, perdiendo con ello parte de su horror e improbabilidad, y luego toma carne y hueso; o mejor dicho, se convierte en la sustancia y la suma total de todos mis pensamientos diarios y en una cuestión de medios y de seguridad; ya no existe el planteamiento de cometer o no el hecho.

Mientras todo aquello sucedía en mi interior, no podía soportar que el niño me viera mientras yo lo miraba, pero una fascinación me arrastraba a contemplar su cuerpo ligero y frágil pensando en lo fácil que me resultaría hacerlo. A veces me deslizaba escaleras arriba y lo observaba mientras dormía, pero lo más habitual era que rondara por el jardín cerca de la ventana de la habitación en la que se hallaba inclinado realizando sus tareas, y allí, mientras él permanecía sentado en una silla baja al lado de mi esposa, yo lo miraba durante horas escondido detrás de un árbol: escondiéndome y sorprendiéndome, como el infeliz culpable que era, ante el menor ruido provocado por una hoja, pero volviendo a mirar de nuevo.

Muy próxima a nuestra casa, pero lejos de nuestra vista, y también de nuestro oído en cuanto el viento se agitara mínimamente, había una extensión profunda de agua. Empleé varios días en dar forma con mi navaja a un tosco modelo de bote, que por fin terminé y dejé donde el niño pudiera encontrarlo. Me oculté entonces en un lugar secreto por el que tendría que pasar si se escapaba a solas para hacer navegar el juguetito, y aguardé allí su llegada. No llegó ni ese día ni al siguiente, aunque esperé desde el mediodía hasta la caída de la noche. Estaba convencido de haberlo apresado en mi red, pues lo oí hablar del juguete, y sé que, en su placer infantil, lo guardaba a su lado en la cama. No sentía cansancio ni fatiga, sino que esperaba pacientemente, y al tercer día pasó junto a mí corriendo gozosamente con sus cabellos sedosos al viento y cantando, que Dios se apiade de mí, cantando una alegre balada cuyas palabras apenas podía cecear.

Me deslicé tras él ocultándome en unos matorrales que crecían allí y sólo el diablo sabe con qué terror yo, un hombre hecho y derecho, seguía los pasos de aquel niño que se aproximaba a la orilla de agua. Estaba ya junto a él, había agachado una rodilla y levantado una mano para empujarlo, cuando vi una sombra en la corriente y me di la vuelta.

El fantasma de su madre me miraba desde los ojos del niño. El sol salió de detrás de una nube: brillaba en el cielo, en la tierra, en el agua clara y en las gotas centelleantes de lluvia que había sobre las hojas. Había ojos por todas partes. El inmenso universo completo de luz estaba allí para presenciar el asesinato. No sé lo que dijo; procedía de una sangre valiente y varonil, y a pesar de ser un niño no se acobardó ni trató de halagarme. No le oí decir entre lloros que trataría de amarme, ni le vi corriendo de vuelta a casa. Lo siguiente que recuerdo fue la espada en mi mano y al muerto a mis pies con manchas de sangre de las cuchilladas aquí y allá, pero en nada diferente del cuerpo que había contemplado mientras dormía... estaba, además, en la misma actitud, con la mejilla apoyada sobre su manecita.

Lo tomé en los brazos, con gran suavidad ahora que estaba muerto, y lo llevé hasta una espesura. Aquel día mi esposa había salido de casa y no regresaría hasta el día siguiente. La ventana de nuestro dormitorio, el único que había en ese lado de la casa, estaba sólo a escasos metros del suelo, por lo que decidí bajar por ella durante la noche y enterrarlo en el jardín. No pensé que había fracasado en mi propósito, ni que dragarían el agua sin encontrar nada, ni que el dinero debería aguardar ahora por cuanto yo tenía que dar a entender que el niño se había perdido, o lo habían raptado. Todos mis pensamientos se concentraban en la necesidad absorbente de ocultar lo que había hecho.

No existe lengua humana capaz de expresar, ni mente de hombre capaz de concebir, cómo me sentí cuando vinieron a decirme que el niño se había perdido, cuando ordené buscarlo en todas las direcciones, cuando me aferraba tembloroso a cada uno de los que se acercaban. Lo enterré aquella noche. Cuando separé los matorrales y miré en la oscura espesura vi sobre el niño asesinado una luciérnaga, que brillaba come el espíritu visible de Dios. Miré a su tumba cuando lo coloqué allí y seguía brillando sobre su pecho: un ojo de fuego que miraba hacia el cielo suplicando a las estrellas que observaran mi trabajo.

Tuve que ir a recibir a mi esposa y darle la noticia, dándole también la esperanza de que el niño fuera encontrado pronto. Supongo que todo aquello lo hice con apariencia de sinceridad, pues nadie sospechó de mí. Hecho aquello, me senté junto a la ventana del dormitorio el día entero observando el lugar en el que se ocultaba el terrible secreto.

Era un trozo de terreno que había cavado para replantarlo con hierba, y que había elegido porque resultaba menos probable que los rastros del azadón llamaran la atención. Los trabajadores que sembraban la hierba debieron pensar que estaba loco. Continuamente les decía que aceleraran el trabajo, salía fuera y trabajaba con ellos, pisaba la hierba con los pies y les metía prisa con gestos frenéticos. Terminaron la tarea antes de la noche y entonces me consideré relativamente a salvo.

Dormí no como los hombres que despiertan alegres y físicamente recuperados, pero dormí, pasando de unos sueños vagos y sombríos en los que era perseguido a visiones de una parcela de hierba, a través de la cual brotaba ahora una mano, luego un pie, y luego la cabeza. En esos momentos siempre despertaba y me acercaba a la ventana para asegurarme de que aquello no fuera cierto. Después, volvía a meterme en la cama; y así pasé la noche entre sobresaltos, levantándome y acostándome más de veinte veces, y teniendo el mismo sueño una y otra vez, lo que era mucho peor que estar despierto, pues cada sueño significaba una noche entera de sufrimiento. Una vez pensé que el niño estaba vivo y que nunca había tratado de asesinarlo. Despertar de ese sueño significó el mayor dolor de todos.

Volví a sentarme junto a la ventana al día siguiente, sin apartar nunca la mirada del lugar que, aunque cubierto por la hierba, resultaba tan evidente para mí, en su forma, su tamaño, su profundidad y sus bordes mellados, como si hubiera estado abierto a la luz del día. Cuando un criado pasó por encima creí que podría hundirse.

Una vez que hubo pasado miré para comprobar que sus pies no hubieran deshecho los bordes. Si un pájaro se posaba allí me aterraba pensar que por alguna intervención extraña fuera decisivo para provocar el descubrimiento; si una brisa de aire soplaba por encima, a mí me susurraba la palabra asesinato. No había nada que viera o escuchara, por ordinario o poco importante que fuera, que no me aterrara. Y en ese estado de vigilancia incesante pasé tres días.

Al cuarto día llegó hasta mi puerta un hombre que había servido conmigo en el extranjero, acompañado por un hermano suyo, oficial, a quien nunca había visto. Sentí que no podría soportar dejar de contemplar la parcela. Era una tarde de verano y pedí a los criados que sacaran al jardín una mesa y una botella de vino. Me senté entonces, colocando la silla sobre la tumba, y tranquilo, con la seguridad que nadie podría turbarla ahora sin mi conocimiento, intenté beber y charlar.

Ellos me desearon que mi esposa se encontrara bien, que no se viera obligada a guardar cama; esperaban no haberla asustado. ¿Qué podía decirles, con lengua titubeante, acerca del niño? El oficial al que no conocía era un hombre tímido que mantenía la vista en el suelo mientras yo hablaba ¡Incluso eso me aterraba! No podía apartar de mí idea de que había visto allí algo que le hacía sospechar la verdad. Precipitadamente le pregunté si suponía que... pero me detuve.

-¿Que el niño ha sido asesinado? -contestó mirándome amablemente-. ¡Oh, no! ¿Qué puede ganar un hombre asesinando a un pobre niño?

Yo podía contestarle mejor que nadie lo que podía ganar un hombre con tal hecho, pero mantuve la tranquilidad, aunque me recorrió un escalofrío.

Entendiendo equivocadamente mi emoción, ambos se esforzaron por darme ánimos con la esperanza de que con toda seguridad encontrarían niño -¡qué gran alegría significaba eso para mí!- cuando de pronto oímos un aullido bajo y profundo, y saltaron sobre el muro dos enormes perros que, dando botes por el jardín, repitieron los ladridos que ya habíamos oído.

-¡Son sabuesos! -gritaron mis visitantes.

¡No era necesario que me lo dijeran! Aunque en toda mi vida hubiera visto un perro de esa raza, supe lo que eran y para qué habían venido. Aferré los codos sobre la silla y ninguno de nosotros habló o se movió.

-Son de pura raza -comentó el hombre al que había conocido en el extranjero-. Sin duda no habían hecho suficiente ejercicio y se han escapado.

Tanto él como su amigo se dieron la vuelta para contemplar a los perros, que se movían incesantemente con el hocico pegado al suelo, corriendo de aquí para allá, de arriba abajo, dando vueltas en círculo, lanzándose en frenéticas carreras, sin prestarnos la menor atención en todo el tiempo, pero repitiendo una y otra vez el aullido que ya habíamos oído, y acercando el hocico al suelo para rastrear ansiosamente aquí y allá. Empezaron de pronto a olisquear la tierra con mayor ansiedad que nunca, y aunque seguían igual de inquietos, ya no hacían recorridos tan amplios como al principio, sino que se mantenían cerca de un lugar y constantemente disminuían la distancia que había entre ellos y yo.

Llegaron finalmente junto al sillón en el que yo me hallaba y lanzaron una vez más su terrorífico aullido, tratando de desgarrar las patas de la silla que les impedía excavar el suelo. Pude ver mi aspecto en el rostro de los dos hombres que me acompañaban.

-Han olido alguna presa -dijeron los dos al unísono.

-¡No han olido nada! -grité yo.

-¡Por Dios, apártese! -dijo el conocido mío con gran preocupación-. Si no, van a despedazarle.

-¡Aunque me despedacen miembro a miembro no me apartaré de aquí! -grité yo-. ¿Acaso los perros van a precipitar a los hombres a una muerte vergonzosa? Ataquémosles con hachas, despedacémoslos.

-¡Aquí hay algún misterio extraño! -dijo el oficial al que yo no conocía, sacando la espada-. En el nombre del Rey Carlos, ayúdame a detener a este hombre.

Ambos saltaron sobre mí y me apartaron, aunque yo luché, mordiéndolos y golpeándolos como un loco. Al poco rato ambos me inmovilizaron, y vi a los coléricos perros abriendo la tierra y lanzándola al aire con las patas como si fuera agua.

¿He de contar algo más? Que caí de rodillas, y con un castañeteo de dientes confesé la verdad y rogué que me perdonaran. Me han negado el perdón, y vuelvo a confesar la verdad. He sido juzgado por el crimen, me han encontrado culpable y sentenciado. No tengo valor para anticipar mi destino, o para enfrentarme varonilmente a él. No tengo compasión, ni consuelo, ni esperanza, ni amigo alguno. Felizmente, mi esposa ha perdido las facultades que le permitirían ser consciente de mi desgracia o de la suya. ¡Estoy solo en este calabozo de piedra con mi espíritu maligno, y moriré mañana!

lunes, 30 de mayo de 2011

NOOK actualiza su dispositivo de lectura digital

Barnes & Noble una de las principales tiendas de libros electrónicos en Estados Unidos, ha lanzado la nueva versión de lector de libros electrónicos Nook, el Nook Touch, que incorpora la nueva pantalla Pearl de la empresa E-Ink, táctil, de 6 pulgadas.

En este modelo desaparece la pequeña pantalla inferior de LCD de su predecesor Nook Color.

El dispositivo, que pesa sólo 210 gramos, opera con sistema Android 2.1, y es compatible con los formatos ePub y PDF. Incorpora funcionalidades para tomar notas, compartir lecturas a partir de la red social Nook Friends y préstamo de libros. Mediante conectividad wi-fi (pero no 3G), permite a los usuarios estadounidenses el acceso directo a la librería de Barnes & Noble. Puede llegar a almacenar cerca de 1.000 libros con una memoria de 2GB, que se puede ampliar hasta los 32 GB mediante tarjetas microSD. Nook Touch se vende al precio de 139 $ y, de momento, sólo se comercializa en EEUU.

Tomado de: ediciona

miércoles, 25 de mayo de 2011

E-books superan en ventas a libros impresos


Esta semana la tienda la librería digital mas grande del mercado, Amazon, anunció un importante dato para el mundo de los ebooks, pues de acuerdo con sus datos de ventas, las estadísticas afirman que de cada 100 libros impresos vendidos en Amazon.com, se vendieron 105 libros digitales logrando mostrar los adelantos de mercado que ha conseguido este nuevo formato.Aunque la distancia en ventas entre los dos productos aun es mínima, ya deja entre ver el brillante futuro que esta alcanzando, a pasos agigantados, este nuevo formato. 

Una de las razones del éxito de Amazon en la comercialización de libros digitales es que aunque cuenta con su propio dispositivo de lectura, el Kindle, los libros comercializados en su portal son compatibles con otros tipos de lectores distribuyendo así, contenidos para iPad o iPhone, teléfonos inteligentes y Android Tablet PC, así como una versión reciente para la “web” que puede examinarse desde cualquier ordenador o navegador habilitado.

Por supuesto los datos se refieren al mercado de Estados Unidos y no se han contrastado con los resultados de venta en otras partes del mundo.